La adaptación de este cuento está
basada en el libro “Toda clase de pieles” de los hermanos Grimm. En todo
momento he intentado mantener la estructura y la esencia del cuento, ya que he respetado que en él haya un núcleo
familiar, en el que el protagonista se ve obligado a salir de él, más tarde las
pruebas que tiene que pasar en el bosque y por último el casamiento
(planteamiento, nudo y desenlace).
Este cuento va dirigido a niños
de 5-6 años, ya que a esta edad quieren
dragones, princesas, príncipes, castillos, quieren fantasía, creatividad y algo
de emoción que a ellos les haga estar más intrigados. La expresión oral y
comprensión de los niños a esta edad les permiten transportarse y casi meterse
dentro del cuento debido a su gran imaginación.
CAMBIOS REALIZADOS:
- El sexo del
protagonista
- La razón por
la que se va del castillo, ya que el incesto a esta edad no me parecía lo más
apropiado.
- Las pruebas a
las que el protagonista se tiene que someter en el camino, porque me apetecía
que tuviera algo más de acción el cuento, ya que en mi opinión a los niños les
mantiene más atentos e intrigados.
- He decidido
introducir el personaje de Claudia al principio para crear más expectación y
darle un final más intenso.
- En cuanto a los
tres regalos que el protagonista pide al rey, al ser un chico he creído
conveniente cambiarlos por completo para así adaptarlo más a la historia. He elegido
una espada, una armadura y un dragón, tres elementos muy llamativos para niños
de esta edad.
- He reducido
los tres colgantes a uno.
Espero que os guste!
"TODA CLASE DE PIELES"
Erase una vez, hace muchos muchos
años en un lejano país vivían en un enorme castillo, el rey Florencio con su
amada la reina Diana, eran jóvenes enamorados y muy felices, tenían un hijo
guapísimo llamado Sebastian, era el más bello de todo el reino con sus grandes
ojazos verdes, y una peculiar cicatriz
con forma de estrella debajo de la oreja, no pasaba desapercibido por allá
donde iba.
El rey poseía varios castillos y
territorios, y hasta que él faltara quería que su hijo como futuro heredero mandara
en uno de sus castillos. Sebastian solía jugar siempre solo por el bosque, un día
se encontró con una joven de su misma edad, con la que empezó a jugar día tras
día.
Ella se llamaba Claudia, hija del
rey Herges uno de los mayores enemigos del rey Florencio, era una niña muy
humilde y feliz, tenía una corta melena rubia y ojos verdes, en poco tiempo se
hicieron muy amigos y surgió algo muy especial, intentaban jugar a escondidas
ya que no pertenecían al mismo reino, y los padres no veían bien que gente de
distintos reinos tuvieran relación ya que eran sus enemigos, (ambos desconocían
que los dos eran príncipes y nunca se lo contaron por miedo al rechazo).
Un día cuando Sebastian llego al
bosque, Claudia ya no estaba y ya no apareció más por allí, fueron pasando los
años y él todos los días bajaba al bosque porque tenía esperanzas de que
volviera.
Según iban pasando los años, el
príncipe ya era más mayor, tenía 12 años, era todo un hombre, por eso mismo el
rey pensó que había llegado el momento de que mostrara su valentía liderando en
una batalla y así convertirse en todo un rey
y no tardó en comunicárselo a su hijo al que no le hizo demasiada
ilusión, ya que no quería luchar y prefería tener una vida tranquila y aun
pensaba en su amiga Claudia la que le había dejado una enorme huella.
- Pero
padre eso es imposible, porque tan pronto si yo todavía no estoy preparado, no
se luchar… todavía no he aprendido lo suficiente,…dijo Sebastian
El rey estaba convencido de que su
hijo tenía que aprender para estar preparado, y el día en el que faltara
pudiera reinar en su castillo. Al pobre Sebastian no se le ocurrían más excusas
y sobre todo porque no se esperaba esto de su padre tan pronto. Estuvo toda la noche pensando y pensando que
decirle porque veía que no había forma de hacerle cambiar de opinión.
A la mañana siguiente muy
temprano, ya que no había podido pegar ojo en toda la noche, apareció en la
habitación de su padre y le dijo:
- Padre,
yo acepto irme a la batalla, pero quiero que me hagas tres regalos para luchar,
una espada del mejor metal del mundo, que sea tan brillante como las estrellas,
un dragón que eche fuego tan potente como el sol, para luchar y enfrentarme a
él y una armadura que sea tan plateada como la luna .
En ese mismo momento, el rey
ordenó a su ejército y a sus cazadores que fueran en busca de la espada del
mejor metal que encontraran y la armadura con el material más resistente que el
diamante, que no le importaba el tiempo que estuvieran buscándola pero que
trajeran la mejor, y que cuando acabaran con ello, que por favor encontraran un
dragón, que si no lo conseguían grande porque entendía que era mucho más
difícil de atrapar, que lo trajeran pequeño para hacerlo crecer y poder
enfrentarse a Sebastian.
Tardaron un año, el problema es
que el dragón no era lo suficientemente grande para luchar, así que el príncipe
se hizo responsable de alimentarlo para que se hiciera mucho más fuerte y así
paso otro año….
Y entonces el rey le dijo a su
hijo:
- Ya
tienes aquí tus regalos, y ya han pasado dos años, creo que ya es momento de
que te vayas a liderar a mi ejército y luches por el reino.
Después de esto, se dio cuenta de
que ya no tenía más posibilidades de huida, y minutos después llamaron a la
puerta, y él pensando que podía ser su padre ofreciéndole una última
oportunidad, era su madre, que venía bastante cargada con algo que no lograba
ver lo que era:
- Hijo
mío quiero que tengas este colgante mío que lleva el anillo de boda de cuando
tu padre y yo nos casamos para que nos sientas siempre cerca, y he mandado a
confeccionar un abrigo de todo tipo de pieles que hay en el mundo para poder
resguardarte del frío.
Aquella noche se puso su nuevo
abrigo de toda clase de pieles; el abrigo era tan grande que llegaba hasta los
pies, las mangas eran muy anchas y tenía una capucha enorme que le tapaba
prácticamente toda la cara, cogió el colgante que la había regalado su madre,
la espada que era tan brillante como las estrellas, la armadura que era tan
plateada como la luna y fue en busca del dragón que echaba fuego tan potente como
el sol, ya que se había hecho muy amigo del príncipe, y aquí empezó su huida
hacia el bosque sin mirar atrás.
Se adentro por un sendero que solo él
conocía para llegar a una cueva donde sabia que nadie le encontraría. El camino
se iba haciendo cada vez más estrecho hasta llegar a un bosque oscuro donde los
árboles desnudos y sus ramas sin hojas a cada rato parecía que estrangularían
al príncipe, que avanzaba esquivando una y otra rama con su espada. Éste no se detuvo y pensó
que mientras más rápido saliera del bosque estaría a salvo pero estaba
equivocado, ya que entre los árboles y la niebla apareció un feroz lobo al cual mato con su espada más
brillante que la luna. Después de matar al lobo llego a un misterioso puente
colgante que estaba destrozado y que gracias a su amigo el dragón que solamente
con un simple silbido acudía siempre en su ayuda, pudieron cruzarle sin
problema. Poco a poco fue pasando la tormenta, al mismo tiempo el príncipe se
encontró fuera del bosque, siguió su camino y llegó a la cueva en la que se
resguardo.
Al día siguiente cuando los reyes
se dieron cuenta de que se había marchado, mandaron a todo su ejército en su
busca, intentaron encontrarle por todas las aldeas, poblados y reinos de
alrededor día tras día, año tras año hasta que al final le dieron por
desaparecido.
Permaneció en la cueva durante
todo ese tiempo, alimentándose de los frutos que había cerca de allí, eso hizo
que estuviera algo sucio, muy delgado y algo desaliñado, y de repente oyó voces
que se acercaban, como perros, trompetas, caballos, se dio cuenta de que estaba
en medio de una cacería, se resguardo muy bien en su abrigo, esperando que no
le encontraran pero los perros la olfatearon y le descubrieron, cuando los
dueños vieron que eran pieles de animal y estaban a punto de disparar, se quito
la capucha y dijo:
- Esperar
que no soy un animal, soy un chico humilde que quiere ser libre y vivir, no me matéis
- ¿Pero
quién eres? ¿Cómo te llamas?
- No
lo se, no lo recuerdo, solo sé que me llamo toda clase de pieles.
- Pues
vente con nosotros y te daremos comida y buscaremos si hay un trabajo para ti
en el reino.
Toda clase de pieles se fue con
esos hombres a su reino y empezó a trabajar de ayudante en la cocina, algo que
nunca había hecho. Estaba muy contento, tenía un montón de amigos y estaba
aprendiendo muchísimo y muy rápido, lo que más le gustaba hacer eran los
postres de chocolate, poco a poco iban
pasando los días y aunque se seguía acordando de su familia, él ya había tomado
esa decisión y estaba feliz en su nueva vida.
Una mañana el rey Herges comunica
a todo el reinado la fiesta en honor al casamiento de su hija al que anima a
todo aquel que sea noble y hombre para ella, a presentarse en la plaza del
pueblo para pedirle la mano. Ese día todo hombre que estuviera interesado, la sacaría
a bailar alegremente y ella elegiría.
La princesa era hermosa, era toda
una mujer de cabello rubio largo, con ojazos verdes y piel de seda, Sebastian
ya había coincidido en varias ocasiones con ella, se ponía muy nervioso al
verla, le parecía verdaderamente preciosa y con una sonrisa espectacular, él no
sabía cómo acudir al baile porque después tenía que servir la cena en la misma
fiesta.
Antes del baile se hacía la
conquista a la princesa con un duelo a caballo, Sebastian con su armadura más
plateada que la luna y su espada más brillante que las estrellas, se monto en
el caballo y salió a saludar a la princesa, ésta al verle sintió algo especial
en la mirada.
La princesa, después del duelo
fue en su busca y le concedió un baile, estuvieron hablando y hablando y pasaba
el tiempo volando. Mientras bailaban ella se fijo en la peculiar marca que
tenía debajo de la oreja, se dio cuenta de que el amor que estaba sintiendo por
aquel joven era el mismo amor que sintió cuando eran pequeños y jugaban en el
bosque. Cuando de repente Sebastian vio que el baile finalizaba, se excuso y
salió corriendo ya que era demasiado tarde y tenía que volver a las cocinas. Se
puso el abrigo de toda clase de pieles y decidió meter en el postre el anillo
que le regalo su madre, cuando lo puso en la mesa de Claudia, ésta se fijo que
tenia la misma marca que el joven apuesto con el que había estado bailando, entonces
ella que es muy lista le pidió que se quedara mientras se comía el postre.
Cuando ya por fin vio el anillo en su plato, le retiró la capucha y quedar al
descubierto el joven, y le dijo:
- Sebastian
por cosas del destino hemos vuelto a encontrarnos, soy Claudia con quien jugabas
de pequeño en el bosque, tu eres el esposo con el que yo siempre he soñado y
quiero estar contigo el resto de mi vida, no me importa que seas sirviente,
pobre o príncipe, ¿accedes a ser mi esposo?
Él le dijo que si y le contó su
historia, ella le explico el motivo de porque no volvió al bosque nunca más, ya
que su padre se lo prohibió.
Ambos se besaron apasionadamente
y vivieron felices por siempre jamás con su mascota el dragón. Y colorín
colorado este cuento se ha acabado, y colorín colorete, por la chimenea se
escapó un cohete.